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Parásitos Investigación y Perspectivas

Exploración del papel de ciertos parásitos en la modulación del sistema inmunitario y su posible relevancia en la esclerosis múltiple.

Cómo los parásitos podrían ser la clave para tratar la esclerosis múltiple

Un enfoque novedoso para la EM

¿Podría una infección parasitaria ayudar a los pacientes con esclerosis múltiple? Investigaciones recientes dicen que sí. A lo largo de los años, los científicos se han dado cuenta de que quienes viven en países con las mayores infecciones parasitarias también tienen los niveles más bajos de EM. Debido a esto, han estado probando el impacto que estos pequeños intrusos tienen en la esclerosis múltiple en un entorno clínico. Curiosamente, cuando esos mismos países adoptaron prácticas de higiene más rigurosas, sus niveles de esclerosis múltiple aumentaron. 3 ¿Por qué? Los investigadores creen que ciertas infecciones parasitarias ayudan a regular el sistema inmunológico al aumentar el porcentaje de células T reguladoras circulantes.

Es un área de investigación fascinante que puede ofrecer un método novedoso para abordar los síntomas de la enfermedad. Hay que seguir investigando sin sacar aún conclusiones que se “topan” con lo ya conocido.

Una segunda mirada a los anquilostomas

Normalmente, cuando pensamos en parásitos es con la intención de eliminarlos. Pero un estudio de 2020 publicado en la revista JAMA Neurology 1 puede hacerle reflexionar, especialmente si es un paciente con EM.

El equipo de investigación involucrado en el estudio examinó si una infección por anquilostoma (Necator americanus) podría ayudar a mitigar la enfermedad. Para el ensayo clínico se reclutaron setenta y un pacientes con EM remitente-recurrente (EMRR). Las características de esta forma de EM incluyen problemas de visión, mareos y fatiga que pueden aparecer y luego desaparecer.

La mitad de los participantes estuvieron expuestos a 25 larvas microscópicas de anquilostomas que se aplicaron mediante un yeso en el brazo. Los pacientes restantes recibieron un apósito de placebo. Cada grupo se sometió a una resonancia magnética al comienzo del estudio para documentar la cantidad de lesiones presentes en su cerebro. Durante el transcurso de nueve meses, los pacientes se sometieron a exploraciones periódicas para registrar cicatrices nuevas o que empeoraban.

Al final del ensayo, el número de nuevas lesiones no difirió significativamente entre ambos grupos. Sin embargo, más de la mitad de los que recibieron el tratamiento contra la anquilostomiasis no presentaron ninguna lesión nueva. Además, los investigadores descubrieron que aquellos en el grupo de anquilostomas tenían un aumento en las células T reguladoras, que ayudan a modular el sistema inmunológico y mantenerlo bajo control. Este tipo de célula es deficiente en personas con esclerosis múltiple. En general, el tratamiento contra los anquilostomas es bien tolerado y solo se reportan molestias gastrointestinales leves, pero en algunos casos existe la posibilidad de que una infección parasitaria pueda empeorar la EM.

El autor principal, David Idris Pritchard, profesor de inmunología de parásitos en la Universidad de Nottingham, Reino Unido, señala: “En esencia, pudimos administrar de forma segura y sencilla un fármaco vivo a los seres humanos, un organismo que tiene efectos moduladores duraderos sobre el sistema inmunológico, dado el tiempo que el parásito adulto reside en el intestino delgado (años)”.

Y añade: “Claramente, este estudio ha preparado el terreno para ensayos de seguimiento, en los que preveo que se administren infecciones de refuerzo para mejorar la modulación inmunitaria ya registrada. La dosis utilizada en el estudio actual (25 larvas) fue la máxima permitida según las directrices reglamentarias, por lo que sería preferible aumentar esta dosis a aumentar el nivel de exposición primaria”.

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